No soy un súper fan de Cheap Trick. No controlo mucho su discografía, pero hacen muy buen rock (hard rock, AOR, glam... llámalo X) y siempre es un placer escucharles. Son estadounidenses, de Illinois, y beben de grupos de rock sesentero como los Who, entre muchos otros. Hay una canción suya que, por letra y música, me tiene ganado desde hace mucho: 'Dream Police', primer corte del disco homónimo, de 1979. Me quedaban dos años para nacer, sí: sigo en mi línea musical de viejoven.
Definitivamente, tendríamos que plantearnos crear la sección “Versiones que molan más que la original” para canciones como el ‘Eloise’ de Tino Casal. Qué temarraco, por favor…
Es duro asumir que, desde hace cinco días, vivimos en un mundo sin David Bowie. Ésta es una semana de luto –por no decir de mierda- para todos los que amamos el rock and roll. El Hombre de las Estrellas ha vuelto al planeta al que pertenecía y nos ha dejado solos.
Esta es una de esas canciones que penetra en tus oídos y te invade el sistema nervioso haciéndose con el control de tu cuerpo. No es contagiosa. Es letal. ¿De qué otra manera se puede hacer un homenaje al ruido?
Como suele pasar con muchos temas, la primera versión que escuché no fue la original si no una posterior pero mucho más famosa. La de Quiet Riot lanzada en 1983, 10 años después que la primera, tuvo mucho más éxito, vendió más y fue sin duda el One-Hit-Wonder de la banda estadounidense. Aún hoy, conociendo la existencia y valorando a la banda creadora del temón, me sigo quedando con la potencia heavy de los yankis, el solo de guitarra, el final hooliganero, el aullido wild, wild, wild...
Sí, todo lo bueno termina en un abrir y cerrar de ojos, pero ¡que nos quiten lo bailao! Fue una noche increíble gracias a vosotros, al ilustre DJ Savoy Truffle y al entusiasmo y ganas de divertirse de todos. Y como se nos hizo corta y siempre queremos más, ya podéis ir ensayando los pasos de baile para el guateque del cuarto aniversario.
De momento, aquí os dejamos el setlist que sonó en la fiesta -¡cinco horas, cinco, de rock y pop de lujo!- y algunos de los mejores momentos capturados por la cámara. Son todos los que están, pero no están todos los que son, así que si alguno tiene en su poder más fotillos le agradeceremos un montón que nos las haga llegar para completar el álbum. Podéis verlo completo en la página de Canciones de Buen Rollo en Facebook.
Escuchar una y otra vez aquello de 'ya estás en la edad de Cristo' es jodido. Mucho. A mí me marcó llegar a los 33, edad que ya he superado, aunque mi grácil figura y mi cara de adolescente se empeñen en desmentirlo :-)
Esta fecha es un hito en la vida a caballo entre la bofetada en la jeta y la cachetada en el culo, una llamada de atención para decirte: "amiga, estás entrando de lleno en la madurez, así que espabila que aún te queda lo mejor". Desde entonces he puesto un empeño especial en espabilarme. En estos últimos años he hecho de todo: casarme, tener un hijo, separarme, enamorarme, cambiar de trabajo y de profesión, irme a vivir con mi enamorao, empezar este blog... he hecho más cosas en este corto período de mi vida que en los 33 años anteriores.
Ahora le toca el turno de pasar la barrera del sonido y del tiempo a una de las personas más importantes de mi entorno, y por lo que puedo observar en la evolución de su trayectoria lo que se le avecina resulta tan seductor o más que lo que anterior, y tan vertiginoso e intenso que no le va a dar tiempo a echar de menos "los tiempos mejores", ni siquiera a un amante de la nostalgia como él.
Así pues, como viene siendo tradición en estas fechas y por tercera vez consecutiva, la CBR para homenajear al nostálgico maduro es de The Kinks, su grupo de cabecera y una excelente fuente de temas a la que acudir ante cualquier circunstancia vital. Acuñando al susodicho: "hay una canción de los Kinks para cada momento", y a este momento le viene que ni pintada esta: 'Where have all the good times gone?'.
Se trata de un tema compuesto por el emblemático líder del grupo de rock británico, Mr. Ray Davies, quien alcanzará los libinidosos 69 años este mismo mes ;-) Va de cumpleaños la cosa. La canción fue cara B de "Till the End of the Day,"y estaba incluída en su álbum del 65, The Kink Kontroversy, cuyo título se mofaba de la reputación que había adquirido la banda el año previo con peleas sobre el escenario y movidas durante sus conciertos europeos y que supusieron la prohibición de actuar en USA y el consiguiente retraso en la publicación del LP, que no llegó a los Estates hasta 1966. He aquí la versión primigenia y original:
Pese a lo que pueda parecer por el título, 'Where have all the good times gone?' no es una canción de cariz morriñero, al revés, es una oda vitalista que reivindica el carpe diem o eso de "cualquier tiempo pasado fue peor" con estrofas tan directas como esta:
"Well, yesterday was such an easy game for you to play
But let's face it: things are so much easier today
Guess you need some bringing down
And get your feet back on the ground"
Lo que os digo, a medio camino entre la bofetada en la jeta y la cachetada en el culo... Por supuesto, la primera vez que la escuché fue gracias a mi mentor kink, el homenajeado, y desde entonces es una de mis canciones predilectas de los Davies and co. Volvió a mí hace muy poco en formato anuncio (como suele ser habitual), pero ¡¡qué anuncio!! uno de los mejores de Ikea, esos grandes de la publicidad:
¿No me digáis que no es una genialidad? :-)
Como muchas de las creaciones de la banda de rock británica, 'Where have all the good times gone?' ha sido versionada por divinos y profanos. Entre los profanos está Van Halen y lo que hizo para su álbum Diver Down, que no voy a subir por temor a las represalias del homenajeado, pero que podéis escuchar aquí, y entre los divinos está el gran Bowie, que en 1973 se marcó esta cover del tema para su album Pin Ups, una delicia del rock glam:
Por si fuera poco, el destino ha querido que coincidiendo con el 33 cumpleaños del sr. Grooveman, se celebre este sábado en Madrid la II Konvención Kinks España, una jornada con tres eventos que culminará con un final de fiesta en El Intruso. Allí estaremos junto al resto de kinkies supurando rock del bueno por todos los poros de la piel, porque como dice Lino Portela en la Rolling Stones: "Ser de los Kinks es como ser de Betis..." y ya se sabe: 'mal que pierda':
¡Estoy contenta! Esta semana han ocurrido varios hechos importantes; para empezar, estamos un poco más cerca de la III república. En lo estrictamente personal, he tomado una decisión difícil para la que no estaba segura de tener valor. Y por otra parte, me he encontrado con algo inesperado y bastante flipante que me ha devuelto la fe en ciertas cosas. En fin, que estoy de tan buen humor que no me lo van a arruinar ni las bochornosas comparecencias videográficas de nuestro Marianín.
Creo que la ocasión merece que hablemos de una obra maestra, de esa Biblia del Rock que es Transformer (RCA, 1972). Los que me conocéis sabéis que padezco loureedismo agudo -dolencia contagiada hace muchos años por el ya habitual en este blog Luis Chelsea-, así que amo todo lo que hace este hombre, y no, no me importa que sea malencarado y rancio. Transformer (que por cierto y con todo el ánimo de fardar, tengo firmado por el mismísimo Lou Reed) es un álbum tocado por la mano de los dioses. ¿Qué otra cosa cabía esperar de un disco de Reed producido por David Bowie y el "Spider From Mars" Mick Ronson en plena fiebre Glam?
Si bien la grabación no fue precisamente un camino de rosas, sin duda el ambiente turbulento que la rodeó, unido al abrumador talento de los implicados, contribuyó a que el resultado fuera tan alucinante y turbador. Como cuenta Paul Trynka en su magna biografía de The Thin White Duke, Starman, “Reed era un desastre y estaba enganchado a las discusiones y a la manipulación” (y a algo más, añado yo). Amansaron a la fiera el trabajo duro del gran Ronson y la mano izquierda de Bowie: “David comprendía a Lou, algo que ninguno de los demás logró”.
He vuelto a este disco una y otra vez desde que lo escuché por primera vez; lo he grabado en casetes qué sé yo cuántas veces, lo he comprado para mí y para regalar porque, es obvio, para mí tiene un significado muy especial. Claro que como suele ocurrir con las obras maestras, no todo el mundo es capaz de apreciar su grandeza (permitidme la arrogancia del comentario). ¿Veis esos momentos lamentables que todos tenemos en la vida y que desearíamos que no hubiesen ocurrido nunca? Pues entre los míos se encuentra una ocasión en que se lo regalé a alguien que creía que lo merecía. Cuánto me arrepiento de haber condenado semejante joya a coger polvo en un cajón, en el mejor de los casos, si es que no acabó en la basura... En fin, no sé cómo no sospeché de una persona que estaba convencida de que ‘She’s a Rainbow’ es una canción de The Beatles…
Más allá de las extraordinarias ‘Walk On The Wild Side’ (canción enseña del álbum por derecho propio) y ‘Perfect Day’ (que los fans de Trainspotting conocen por su banda sonora, aunque a veces ni siquiera se toman la molestia de averiguar de quién es, así que tan fans no serán), Transformer es un discazo de principio a fin, empezando por esas portada y contraportada grandiosas. De hecho, sin ser un disco conceptual, a mí me gusta ponerlo entero, como si estuviera leyendo esa crónica sucia de urbanitas marginales y viciosos, y creo que gana mucho más que en escuchas troceadas. Es fascinante desde la primera a la última estrofa. Y por eso es muy difícil escoger una única canción. Tras mucho pensarlo, creo que ‘Satellite of Love’ es una de las que más me gustan y de las más buenrrolleras del disco, y donde se escuchan además los coros de Bowie. Me flipa la letra alucinada sobre satélites televisados en la que, de pronto, irrumpe ese “me han dicho que has hecho de todo con Harry, Mark and John”. ¡Genio Lou!
Entre las muchas versiones que existen he encontrado ésta tan marciana de Eurythmics y ésta otra de U2, creo que de una época anterior a que Bono se conviertiera en “¡Bonoooorrrrrrr!”, ese ser con gafas de sol y bondad ilimitada. He de admitir que no está mal, aunque esos aulliditos del estribillo...
La mejor de todas es, claro, la de otro genio de la música. Observad el ligero cambio en la letra, muy Soy-Morrissey-y-soy-borde, sustituyendo el verso “I love to watch things on TV” por “I cannot stand the TV”:
Vaya este post dedicado a todos los reedadictos del mundo y a los que, sin serlo, tenéis la mente y los oídos suficientemente abiertos como para, al menos, darle una oportunidad a este álbum mítico que ha cambiado la vida de tanta gente (y no exagero). Y en especial a ti, por entenderlo y por apreciarlo. Aunque nunca tuve ninguna duda de que tú sí merecías escucharlo.
'Get it On' es una frase hecha en inglés que tiene muchos usos y diversidad de significados en función del contexto: desde 'poner empeño en algo', hasta 'vamos a ello' pasando -como no- por ponerse a tono o excitarse, en su sentido más sexual, o directamente ir al tema... lo cierto es que cualquiera de las aplicaciones de esta locución tan versátil conecta con el temazo que os traemos hoy para que empecéis el finde con ganas y energía sin necesidad de pastillitas azules y con o sin páginas de contactos con su nombre como esta ;-)
'Get It On' no solo es una canción, es el himno de una época en la que brillar y petardear no estaba mal visto, en la que alardear de purpurinas y charoles no era hortera y en la que la superficialidad solo insultaba por habitual y cansina. Es el emblema de un estilo que evoca tiempos mejores: el Glam, y el tema estelar de su grupo más representativo, los británicos T. Rex. Cargada de energía y con una letra que no deja lugar a dudas, es un bombón musical libidonoso... "you're dirty and sweet"
Protagonista absoluta de album Electric Warrior de los T-Rex (1971), 'Get it on' o 'Bang a Gong' (Get It On) como la titularon en los States para evitar confusiones con las de otros grupos, es una composición del líder del grupo, Marc Bolan, que según ha comentado en alguna ocasión estuvo intensamente inspirado por el Little Queenie de Chuck Berry y que el riff de guitarra está sacado de ella. De hecho, la frase "And meanwhile, I'm still thinking" de "Little Queenie" aparece al final de 'Get It On'. Escuchad y apreciad las similitudes:
De las versiones más famosas del temón de los T-Rex, la que más repercusión tuvo en su época (1985) fue la del proyecto de súper banda ochentera del fallecido Robert Palmer y los Duran Duran: The Power Station... todos como sacados de una anuncio de gomina Studio Line, esculpe tus cabellos, como podéis ver en el vídeo no recomendado para retinas sensibles a nivel estético:
Blondie y Santana también se esforzaron en destrozar el clásico de Bolan... siempre ha habido gente sin pudor, por si alguien se cree que Ramoncín ha sido pionero en el dudoso arte de la blasfemia musical...
Volved a poneros la original y repetiros a vosotros mismos: Ya está aquí el fin de semana, 'sucio y dulce'. Como debe ser :-)
Qué se puede escribir sobre una obra maestra que no haya sido ya dicho mil veces de mejor forma... Me da casi apuro escribir este post; lo he empezado, lo he borrado, lo he vuelto a empezar… y no doy con la manera. Es como poner las manazas sobre Las Meninas para cambiar el cuadro de sitio, seguro que te mueres de miedo de cargártelo. En fin, allá voy.
Con su álter ego Ziggy Stardust, Bowie dijo adiós al Hunky Dory de rizos dorados, abrazó el Glam Rock y la ambigüedad sexual y dio comienzo a una nueva era en su música y en su estética. Ziggy Stardust era un artificio genial, un juego de influencias y homenajes a la ciencia ficción, al glamour, a la purpurina, y también a los outsiders. Aunque hay varias versiones al respecto, como suele suceder en estos casos, parece que estaba directamente inspirado en Iggy Pop −que por entonces se había convertido en una obsesión para David−, así como en el músico rockabilly de efímera carrera Vince Taylor. Tomó su apellido del músico Norman Carl Odam, aka The Legendary Stardust Cowboy, mientra que su sonido estaba muy influenciado por la escena underground norteamericana, especialmente por Iggy y The Stooges y Lou Reed.
Starman es uno de los 11 cortes de este álbum que arranca con la prodigiosa Five Years y concluye con la catarsis de Rock’N’Roll Suicide. Al igual que el bondadoso Hombre de las Estrellas del que habla la canción, que ha aterrizado en la Tierra para abrir nuevas puertas a la percepción de quien esté preparado para escucharle, Bowie y sus Spiders (Mick Ronson, Trevor Bolder y Mick Woodmansey) descubrieron a sus fans un mundo distinto y mejor. En la mítica actuación de la banda en Top of the Pops el 6 de julio de 1972, miles de jóvenes británicos (y sus horrorizados padres) presenciaron atónitos aquella explosión de colorista y sexual R’n’R. Se acabó el buenrrollismo hippie: esto era algo salvaje. Como explica Paul Trynka en su biografía del músico británico: “David y The Spiders eran temibles y suponían una amenaza no sólo para las hijas, sino también para los hijos. En el momento en que David pasó el brazo alrededor de Mick Ronson [guitarrista de la banda], adolescentes de todo el país compartieron un momento de epifanía”.
Atentos al contraste entre la actitud y las pintas de la banda con el público del estudio. Desde luego, tuvieron que quedarse impresionados como mínimo... ¡Quién hubiera estado allí para verlo en persona!
Corregidme si me equivoco, pero no hay otra película que haya retratado tan fielmente la era dorada del Glam como Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998). De hecho, los personajes protagonistas son evidentes trasuntos de Bowie e Iggy Pop.
Una curiosidad para terminar. Muchos, muchos años después de la “muerte” de Ziggy, Bowie decidió saldar su deuda con The Legendary Stardust Cowboy e incluyó una versión de su tema I Took a Trip on a Gemini Spacecraft en su álbum Heathen (2002). Vedle aquí, otra vez poniendo en pie al público de Top of the Pops.
(Tengo que decirlo: nadie más que él puede llevar así de bien un chaleco y un pantalón de traje...).