¿Mustios? ¿Afligidos por el peso de la vida diaria? ¿Dándole vueltas a la hormigonera sin tregua? Bien: tengo lo que necesitáis. Por favor, levantad el culo del asiento para recibir a ¡Míster J
aaaames Brown! Y si ahora no enloquecéis con
‘Get Up Offa That Thing’, entonces sí, hacéoslo mirar.

Hace unas semanas estaba yo tratando de sobrellevar una tarde laboral complicada con la ayuda de una estupenda playlist de Atlantic Soul realizada por
Fernando Navarro. Un montón de joyitas, una tras otra, hasta que llegué a 'Get Up Offa...' y… tuve que parar de teclear y, literalmente, sujetarme a la silla para no ponerme a pegar botes sobre las mesas de la oficina berreando “I’m back!” (y terminando, por ende, de arruinar mi ya lamentable reputación en el curro).
Es verdad que cualquier tema de El Padrino del Soul produce un efecto similar, pero no sé qué tiene este soul-funk rabioso que me pone especialmente cardíaca. El inicio, que ya promete que vendrá algo grande; los aullidos del bueno de James; todas esas texturas musicales; por supuesto la sección de viento tan brutal… y claro, ese mantra que se repite todo el tiempo: “Get up offa that thing and and dance 'till you feel better”, esa invitación a bailar hasta caer rendido y olvidarte de tus pesares. Debe de haber algo muy tribal en la acción de bailar, algo que nos hace remontarnos a nuestro estadio más primitivo, cuando la danza servía tanto para conjurar a los malos espíritus como para atraer la lluvia. Da igual que lo hagas bien o mal; esto no es 'Fama'. Por muy arrítmico que seas, creo que todos sentimos la necesidad de liberarnos, física y mentalmente, a través del baile. Y esto lo sabía James Brown como nadie.
Tuve la suerte de verle en el que debió ser uno de sus últimos conciertos, en un
Galapajazz de hace ocho años, gracias a una entrada providencial que me regaló mi buena amiga María. Recuerdo un calor insoportable propio de noches de julio y llegar de Madrid a Galapagar sudando como un pollo de granja de esa asquerosidad llamada Kentucky Fried Chicken, pero en cuanto Él salió al escenario di por buenos todos los sudores. Nunca he visto a nadie con semejante sentido del espectáculo y moviéndose con esa energía tan endiablada, y mucho menos a un señor de 70 años. Fiel a su leyenda, llevaba un par de bailarinas macizorrísimas y estaba encantado de la vida, el tío.
Os sugiero que, aparte de no perderos este directo brutal del 79, escuchéis la canción también en
este otro enlace, donde se aprecian matices de la grabación que se diluyen en concierto. Pero ¡qué directo, Señor!
Bien, ha llegado el momento de confesar que toda esta palabrería no ha sido más que una sucia artimaña para meter en el blog a esa obra maestra de la Naturaleza llamada Michael Fassbender. La primera vez que me topé con este hombre fue en una película increíble (y jodida) que os recomiendo a todos,
Fish Tank. Nunca le he visto más guapo ni en un papel con tantos dobleces; ni siquiera en
Shame (y mira que está tremendo en
Shame…). El caso es que en la peli se marca este baile que vais a presenciar; es más o menos hasta el minuto 1.20… aunque entenderé perfectamente que haya quien lo vea hasta el final. God save the Soul!