DIEZ AÑOS DE CBR

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viernes, 19 de abril de 2013

La vida qué mala es (by Carol)

Estoy flipando estos días con el último disco de José Ignacio Lapido, Formas de matar el tiempo, cuya escucha os recomiendo con urgencia. Por eso me ha venido a la cabeza la que es para mí una de las canciones más cañeras del rock español, ‘La vida qué mala es’, de los extintos 091, donde Lapido militaba como guitarrista y compositor. Hablamos de un tipo que bien merece un lugar en el Olimpo de los letristas de por aquí, bien cerquita de Josele Santiago y Fernando Alfaro (que cada cual añada a quien tenga a bien).

Es inexplicable y escandaloso que este grupazo no consiguiera más notoriedad. No vale la pena plantearse una vez más las injusticias de la industria musical, que ya sabemos que suele regirse por criterios que nada tienen que ver con la calidad, pero es una verdadera lástima que mucha gente se haya perdido a los Cero, porque los habrían disfrutado de veras. Conviene recordar que estos tipos fueron amigos personales de un Joe Strummer rendido a los encantos de la mágica Granada, produciéndoles su segundo álbum, Más de cien lobos. Casi nada, ¿eh? Y también que de sus filas salió Antonio Arias, uno de los fundadores de otro grupo básico en la escena musical española, Lagartija Nick.

‘La vida qué mala es’ fue una de sus canciones más conocidas, si no la que más -no confundir con ‘Mala vida’, jitazo tremendo de Mano Negra; ya sabéis, la banda de Manu Chao antes de que encasquetara el gorrico andino-. Está incluida en su quinto y precioso álbum, El baile de la desesperación (1991), donde siguiendo con la estela de colaboradores ilustres, el ya entonces trío contó con el ex Flamin' Groovies Chris Wilson.

Por mi casa andaba un single de los 091, con ‘Cuando pierdo el equilibrio’ en una de sus caras (no me acuerdo de la otra), que no me había producido una emoción especial, la verdad. Pero cuando escuché ‘La vida…’ me quedé pilladísima. Fue en algún programa de TV (¿Rockopop?), de cuando aún había espacios musicales en la televisión pública. En el Pleistoceno, vamos. Esas guitarras y esa batería hipnóticas... uf... La melodía es tan brutal que la convierte de hecho en una canción de buen rollo, y mira que la letra es jodida:

Veías la vida como una carrera
y no naciste para ganar
por más que corrías no viste la meta
busca un hombro en el que llorar


Ahí está la capacidad de Lapido para hacerte temblar sin necesidad de piruetas literarias. Esto le decía mucho a la veinteañera que yo era entonces, y me lo sigue diciendo ahora, que soy bastante más viejuna.

Por más señales que haya en los caminos
por más estrellas que podamos seguir
iremos andando hacia ningún sitio
soñaremos que andamos sin movernos de aquí


A mí esta canción me recuerda mucho a mi amigo Manuel (quien, por cierto, nunca me lee), porque hubo una época en el instituto, cuando nos conocimos, que la cantaba todo el tiempo. Y también a muchas noches de parranda ponferradina, berreándola a grito pelado cuando volvíamos de hacer la ronda por el casco viejo, a esas horas en que el buen Baco ya ha hecho de las suyas y consigue que todos nos queramos mogollón y nos creamos que incluso cantamos bien.





Hace algunos años, Criminal Records editó un disco homenaje a la banda, Canciones de cuna y rabia, donde bandas como Los Sencillos, Niños Mutantes o los encargados de hacer suya ‘La vida…’, Malasombra, dieron su particular vuelta de tuerca a un puñado de canciones de los Cero. Lamentablemente no he encontrado esta versión, así que os invito a escuchar de nuevo la original en toda su grandeza, a redescubrir su magnífica discografía y a aprovechar cada minuto de esta vida perra y hermosa. Recuerden: ¡es viernes!!!

viernes, 1 de junio de 2012

Fuerte! (by Carol)

Tras mucha zapatilla gastada de tanto pegar botes cada vez que escuchaba esta canción, un día llegué a la conclusión de que Fuerte! debería ser patrimonio cultural de la humanidad o algo así. Como mínimo, digamos que está entre las canciones más gloriosas que ha dado jamás el pop español. No en vano se la debemos a esa mente brillantísima que es Fernando Alfaro, sin duda uno de los mejores letristas de este país, que formó junto a Joaquín Pascual, José María Ponce y Carlos Cuevas, y más tarde José Manuel Mora e Isabel León, esa banda seminal que fue Surfin’ Bichos.

En la música de Surfin’ Bichos confluían el rock más crudo de los 80 y el indie de los 90, con un poso de oscuridad y brutalidad que remitía a la Velvet Underground, a Nick Cave o a Pixies. Esta línea ha seguido muy presente en la carrera de todos tras la disolución de la banda, especialmente en la de Alfaro en sus posteriores aventuras con Chucho, los Alienistas o en solitario.

Fuerte! andaba como canción suelta en qué sé yo cuántas cintas recopilatorias que tenía por ahí, y luego en diversas playlists, hasta que en un Summercase (DEP) me compré la reedición remasterizada de "Hermanos carnales" lanzada por Subterfuge hace algunos años. Estas últimas semanas me ha dado por redescubrir este discazo (ejercicio que os aconsejo) plagado de joyas que hablan de dolor y de amor, de incesto, de angustia… pero también llenas de energía, como es el caso de Fuerte! Las estrofas de Alfaro amalgaman con total naturalidad impulsos primarios y eruditas referencias a la mitología clásica o a la Biblia. Qué decir de la música, esa base de guitarras cañeras con sección de viento, batería potente, toques de percusión y mandolina aquí y allá… En fin, no puedo explicarlo, hay que escucharlo.




Aunque nunca he visto a los Surfin’ en directo, ni en su momento ni en su efímero regreso de hace algunos años, sí he tenido la suerte de escuchar versiones acústicas de la canción en los conciertos de Fernando Alfaro. Así, desnuda, mola mucho también. Este vídeo no es muy bueno, pero os podéis hacer una idea de cómo mantiene su magnetismo intacto.



Hidrogenesse se curró en su momento esta curiosa versión:



Buscando material para este post he descubierto algo que no sabía, y es que Surfin’ Bichos fueron seleccionados para telonear a Nirvana junto a Teenage Funclub en su gira española de 1992, en plena histeria colectiva del Nevermind. Pero… finalmente, aun con las entradas y los carteles impresos, pocos días antes de la gira les comunicaron que no iban a tocar. “Nos chafó, nos cabreamos y ni siquiera fuimos a ver a Nirvana”, recuerda Fernando Alfaro en este artículo de Rolling Stone. Queda para la historia el comentario que publicó la revista Rockdelux en julio de1992 (no he encontrado el artículo, pero en éste podéis leer la referencia): “Surfin’ Bichos no son Nirvana, son infinitamente mejores”.