Ya tengo lista la camiseta y los dedos en pose rockera. Todo preparado para el concierto de Guns n' Roses. Épica pura y desparrame de nostalgia para recibir a los que fueron mi primer vínculo con el heavy metal a mis 15 añitos...
Como muchos de los chavales de mi generación, yo me inicié con los Gn'R cuando estaban en la cúspide, a punto de sucumbir de éxito... con un Axl envanecido por la masa creyente, ciega y sorda, alucinando ante la potencia de los Use your Illusion I y II. El resto de la discografía de los americanos, la escuché después. No mucho después. El fervor pistolero me llevó al consumo convulsivo, y el Appetite for Destruction no tardó en llegar a mi casa, donde ocupa un lugar destacado desde entonces. Normal. El disco es una joya de principio a fin. En eso, soy muy poco original, coincido con todos los expertos.
El comienzo no puede ser más espectacular: Welcome to the jungle es más que un himno, es una declaración de intenciones, es una advertencia, un aviso, una amenaza... ¡es un jodido grito de guerra! Es imposible que tras escuchar el riff inicial, no tengas ganas de levantarte y rugir como si verdaderamente estuvieras en la selva.


