Morirse a los 82 años no es precisamente un drama, pero que se agote la vida de una figura tan inspiradora como la de Leonard Cohen es un hecho trágico tenga la edad que tenga... Han pasado ya casi tres meses desde que murió el cantante y compositor canadiense. Tenía pendiente un post homenaje, así que transcurrido el duelo, allá voy.
Leonard Cohen no puede considerarse la alegría de la huerta. Es más, para mucha gente es directamente un bajonetis y un coñazo... pero como ya sabemos que esto del buen rollo musical es muuuuuy subjetivo solo puedo decir que a mí el abuelo Cohen con su vozarrón grave y su cadencia lenturria me ha molado siempre y, es más, algunas de sus canciones me producen un subidón notable. Tuve la suerte de verle en directo cuando estuvo aquí en 2009, su penúltima vez, y aún se me ponen los vellos de punta cuando me recuerdo sentada en mitad del Palacio de los Deportes, en un ambiente absolutamente mágico.
Y es que hace falta tener muchas agallas para lanzarse a componer un vals a finales de los ochenta, cuando el hip-hop y el acid house empezaban a pegar fuerte. Y triunfar. Tengo un cariño especial a 'Take this Waltz' porque fue la elección de baile nupcial en la boda de mi mejor amiga (que de comedia romántica me ha quedado esto). Pero hay otras muchas canciones geniales en el haber de este gran hombre y no todas son pausadas y lánguidas. Es el caso de 'I'm your man'-sexy donde las haya- o 'Ain't no cure for love' o, sobre todo, 'First we take Manhattan', (probablemente) mi favorita de Cohen.
