DIEZ AÑOS DE CBR

viernes, 3 de abril de 2020

'Acid' (by Luis Chelsea)

acid
Ray Barretto en plena acción

Estaremos de encierro, sí, pero ¡no deja de ser viernes! Hoy os traemos una colaboración muy especial, un relato erótico-musical de Luis Chelsea para caldear el ambiente (en el mejor y más placentero de los sentidos) con ritmos latinos de fondo. ¡Que lo disfrutéis!



Rachel

Hace ahora 20 años, justamente en la primavera de 2000, estuve por vez primera en Nueva York, la capital del mundo. Fue un viaje programado con visado restringido. Quería descansar y escapar de la vorágine diaria que suponía trabajar de bróker en la Bolsa de Madrid. Un tiempo muerto, un paréntesis en mi vida.

Me instalé en Brooklyn, cerca del famoso puente, entre pizzerías familiares, murales de hip-hop, tirabuzones hebreos y una colorida fauna bohemia. A un paso de todo y sin tener que hacer nada...

A los tres días tuve un encuentro con una vecina en el portal de mi edificio que me cambió la vida para siempre. Se llamaba Rachel, un auténtico espíritu libre nuyorican 100 %. Su glaseada sonrisa y su mirada de amor me acompañan desde entonces en mi día a día. Por fin una rubia resbalosa inundaba mi interior. Su melena lisa cubría mi cara cuando me dominaba desde las alturas de su torre de marfil, ubicados dentro de nuestro particular templo del deseo infinito.

Fue una experiencia muy intensa, como si se tratara de una noche blanca sin final, reinando en una nueva Babilonia. Cuando el tiempo se detiene entre dos almas entregadas no existe nada más entre ellos, excepto esos momentos en los que en sus oídos se recrean notas musicales, corcheas y compases... y silencios que conforman su propia banda sonora.

Había una canción que sonaba mucho en el dial, en Radio América Latina de NYC, ¡pero mucho!: 'Acid', de Ray Barretto. Cuando el tema señalado llenaba cada una de las esquinas del pequeño apartamento, el éxtasis era total. Reflejaba todo su calor a golpe de timbales, vientos y tumbaos. La esencia de Fania nos envolvía el corazón. Era imposible parar, como ese cometa incombustible que no se detiene ante nada ni ante nadie.

Una mañana de finales de agosto aterricé bruscamente: volví a la realidad. Ella se despidió y desde el interior de un taxi amarillo me dijo adiós. Así como llegó desapareció, en silencio.

Cuando cierro los ojos y escucho nuestra canción puedo sentir su presencia, su aroma, su sabor. 'Acid'. "One, two, three, four".


1 comentario:

  1. Maravilloso relato, profundamente evocador, y temarraco de Barretto :-)

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