El domingo pasado, deshaciendo aún las maletas supurantes de arena de la playa, con la amenaza de la inminente rutina apretándome el cogote me eché en los brazos de la melancolía. Y así recibí la noticia de la muerte de
Camilo Sesto, como en un homenaje involuntario. Como siempre, en los dos días posteriores a su muerte se publicaron, en medios y en redes sociales, fervientes epitafios defendiendo el valor artístico del difunto y aplaudiéndole el legado de forma póstuma, ese que se menospreció en vida. Yo no lo voy a hacer, primero, porque se me ha pasado la fecha y segundo porque no tengo autoridad moral ni intelectual para hablar del señor Blanes. Lo que sí puedo hacer es dedicarle un post a esa gran CBR que es su '
Vivir así es morir de amor'.